El argumento de la “potencialidad”

El argumento de la potencialidad sostiene que los animales no humanos no deben ser respetados porque solo los seres humanos tienen ciertas capacidades intelectuales o el “potencial” de poseerlas, lo cual sucedería en el caso de las niñas y niños de corta edad. ¿Por qué se defiende algo así?

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En una entrada anterior vimos un argumento contra el especismo. Este argumento va contra la idea, muy extendida, de que solo hay que respetar a los seres humanos porque solo ellos son seres racionales, tienen un alto grado de inteligencia, pueden tener pensamientos complejos, etc. En otras palabras, porque solo los seres humanos tienen ciertas capacidades intelectuales complejas. Lo que vimos que apuntaba aquel argumento contra el especismo es que hay muchos seres humanos, como aquellos y aquellas con diversidad funcional intelectual o los niños y niñas de corta edad, que no tienen esas capacidades.

Por ello este argumento, que recibe el nombre de “argumento de la superposición de especies”, supone que para respetar plenamente a todos los seres humanos, como muchos sin duda defendemos que se haga, es preciso defender una idea distinta. Y esa idea debería ser aquello que verdaderamente importa a la hora de ser respetado, que es la capacidad de sufrir y disfrutar, que compartimos todos los animales sintientes.

Quienes defienden el especismo intentan dar distintas respuestas al argumento de la superposición de especies, respuestas que, como vimos también en otra entrada, no tienen éxito. Aquí me gustaría considerar en concreto una de esas respuestas. Es aquella que dice que el argumento funcionaría solo en el caso de quienes, por sufrir ciertas enfermedades o por haber padecido algún daño cerebral no vaya a tener nunca esas capacidades. Esto es, que no funcionaría en el caso de los niños y niñas, debido a que tienen el potencial de convertirse en personas adultas con las citadas capacidades.

Se le puede dar un nombre a este contraargumento, contrario al argumento de la superposición de especies. Podemos llamarlo el “argumento de la potencialidad”.

Hay varias razones para concluir que este argumento no es convincente en absoluto. (Como he dicho arriba, se explican en los enlaces que hay en otro lugar, pero las podemos ver de forma más simple aquí). Yo distinguiría por lo menos tres, que son, por orden de importancia, las siguientes:

1. Tener una capacidad no es lo mismo que tener el potencial de tal capacidad.

Esta es la razón principal para rechazar el argumento de la potencialidad. Que sea posible tener una capacidad es distinto de tener esa capacidad. Yo no tengo la capacidad de hablar coreano. Pero podría estudiarlo y aprenderlo. De manera que tengo el potencial de hablar coreano. Pero si tener el potencial fuese equivalente a tener esa capacidad, yo tendría que ser tratado como si supiese coreano. Y de la misma manera, tendría que ser tratado como si fuese presidente del gobierno, campeón del mundo de salto de altura (esto último bastante implausible, creedme), etcétera. Parce claro que nadie consideraría esto razonable. Por lo tanto, no puede serlo tampoco en este caso.

2. El argumento no protege a quienes no tengan ese potencial

Quienes defienden este argumento suponen que con él vamos a poder proteger a todos los niños y niñas. Esto es así porque piensan que todos ellos y ellas tienen la posibilidad de ser adultos con ciertas capacidades intelectuales. Pero eso no es cierto. Por desgracia, hay niños y niñas que padecen enfermedades terminales. Estos no llegarán nunca a poder ser adultos.

Lo que es más, esta idea posiblemente tampoco impide que se mate a los niños y niñas, pues la propia acción de su asesinato también eliminaría su potencial de ser personas adultas. Si una niña muere, deja de tener el potencial de ser adulta. Por lo tanto, si aceptásemos el argumento del potencial, no se entiende de qué manera este podría impedir que se matase a los niños y niñas.

2. El argumento ofrece protección a entes sin intereses

Por último, si tener el potencial de convertirse en un ser con ciertas capacidades otorga la misma consideración que se debe tener a quien tenga tales capacidades, entonces tendrían que ser respetados también los embriones y los zigotos. De hecho, tendrían que ser respetados exactamente del mismo modo que los niños y niñas y que los seres humanos adultos. Esto, de nuevo, parece muy difícil de aceptar.

En consecuencia, tenemos que concluir que el argumento de la superposición de especies sí funciona. Y que la razón por la que las niñas y niños de corta edad deben ser respetadas no es que sean seres humanos, ni que algún día serán personas adultas. Por el contrario, la razón es, simplemente, que pueden sufrir y disfrutar, que son seres sintientes, al igual que los animales no humanos con la capacidad de tener experiencias.

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