¿Qué hacer cuando alguien permanece impermeable a los argumentos para respetar a los animales?

Hay ocasiones en las que sucede lo siguiente. Explicamos a las personas a nuestro alrededor todas las razones que conocemos para respetar a los animales. Les describimos las formas en las que se daña a los animales. Les mostramos las consecuencias que tiene para los animales que nos dé igual lo que les pase. Y también invitamos a esas personas a probar un montón de platos deliciosos sin productos animales. Pero, aun así, nos encontramos con que esos esfuerzos no parecen tener resultados. Esas personas continúan viviendo como antes, sin modificar su forma de vivir y sin hacer nada a favor de los animales. ¿Qué se puede hacer en esos casos?

Hay quienes, ante este fracaso, pasan a intentar convencer a estas personas apelando a su propio autointerés, diciéndoles que el consumo de productos animales es malo para su salud. Pero, salvo excepciones, es raro que eso modifique su conducta muy sustancialmente.

Quienes se ven en este tipo de situaciones a menudo se hacen preguntas como “¿qué otra cosa podría decirle a esta persona, que no le haya dicho ya?” o “¿qué me puede quedar por hacer para que respete a los animales?” Y la respuesta a esta pregunta es muy simple: posiblemente, nada.

O sea, es muy probable que en una situación así no haya cosa alguna que se pueda hacer para cambiar a esa persona. Simplemente, sucede que hay gente que nunca va a abandonar el especismo, o a dejar de emplear productos y servicios de origen animal. Esto no tiene nada de sorprendente, dado lo interiorizados que tanta gente tiene el especismo y el uso de animales como recursos. Ahora bien, sobre esto hay que decir tres cosas:

En primer lugar, hay que tener en cuenta que cuando alguien recibe una información adecuada sobre las razones para respetar a los animales, es posible que, aunque no deje de usar animales, pase a tener una opinión diferente sobre el asunto. Ello puede tener efectos en cómo actúe esa persona a pequeña escala (por ejemplo, llevando a que manifieste ideas favorables hacia los animales cuando tenga conversaciones sobre el tema en otros entornos).

Estos cambios, aunque sean pequeños, cuando se dan en mucha gente promueven una evolución en las actitudes colectivas hacia los animales. De esa manera, el mensaje antiespecista también puede tener un impacto social cuando llega a personas que no lo asumen totalmente, sino solo en una parte limitada.

En segundo lugar, la gente tiene normalmente límites en lo que está dispuesta a aceptar. Por ello, si tras mucho hablar del tema con alguien nos encontramos con que no tiene ninguna disposición para cambiar de postura, continuar esforzándose obstinadamente tratando que lo haga es bastante posible que sea una pérdida de tiempo y energías. Lo más probable es que esa persona ya no vaya a cambiar.

Ahora bien, esos mismos esfuerzos podrían emplearse en conseguir que otras personas sí tomen conciencia y cambien. Por lo tanto, es mucho más razonable y eficaz hacer esto último. Si alguien no cambia, en lugar de insistir, pasemos a dirigirnos a otras personas.

Por último, en tercer lugar, es importante tener en cuenta algo ya dicho arriba. Aunque convenciendo a personas de nuestro entorno podamos conseguir resultados positivos, estos serán bastante menores que los que podremos lograr si nos dirigimos a un público más amplio, como hacen las organizaciones que trabajan contra el especismo. De hecho, para tener un impacto masivo, parece que un trabajo así es necesario, pues de lo contrario, con la simple comunicación de persona en persona, habrá mucha gente a la que no se consiga llegar.

Además, sin una comunicación pública dirigida a la sociedad en su conjunto, la gente tenderá a pensar que la defensa de los animales es una causa menor. Ello se debe a que la mayoría de la gente piensa que las causas importantes no se mantienen únicamente en el plano de la comunicación privada, sino que tienen visibilidad pública. Esto es algo completamente equivocado, pero por desgracia es lo que se piensa de forma común. Por ello, para que la defensa de los animales sea tomada verdaderamente en serio, es necesario darle la mayor visibilidad fuera del ámbito de las conversaciones privadas.

Esto es algo que puede hacerse mediante campañas o proyectos cuyo objetivo es llegar al público general. O también mediante iniciativas que se dirigen a personas de ámbitos específicos (por ejemplo, personas del mundo académico y educativo, del mundo de la política y el derecho, del ámbito de la ciencia, etc.). Esto último se debe a que estos campos son especialmente influyentes, de forma que los cambios que se consiguen en ellos tienen un efecto multiplicado en el resto de la sociedad.

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