Koko y los demás seres sintientes

viendounlibro.jpgHace unos días murió Koko, con casi 47 años. Koko fue una gorila conocida por su manejo del lenguaje de signos, que vivió en situación de reclusión durante toda su vida en la zona de San Francisco, en Estados Unidos.[1]  Las cosas que Koko dijo han sido apeladas muchas veces para defender solamente a algunos animales, pero como veremos más adelante podrían ser empleadas, más bien, para defenderlos a todos.

Durante muchos años se discutió si las competencias de estos animales eran suficientes para concluir que pueden usar un lenguaje. Parece que solo si tenemos un prejuicio especista podemos negar esto. De hecho, en las distintas comunicaciones que han tenido se ha puesto de manifiesto también que tienen una teoría de la mente, esto es, que piensan sobre cómo piensan otros sujetos. Ello se aprecia en que han usado el lenguaje de signos para mentir, bromear y preguntar de hecho por lo que otras personas piensan.

Acerca de esto surgió también otra discusión muy distinta. Esta se debió a la apelación a estas capacidades con el fin de defender la consideración moral y el reconocimiento de personalidad legal a estos animales. El problema con este paso es, como ya se ha indicado muchas veces, que ello conlleva de forma implícita que los demás seres sintientes que no tienen esas capacidades o no cuentan o cuentan menos. Puede que haya invertebrados con mentes extremadamente sencillas que no puedan comunicarse de maneras complejas simplemente porque ni siquiera realicen razonamientos complejos. Puede ser también que en el futuro se programen simulaciones de la sintiencia que lleguen a ser ellas mismas sintientes por reproducir los algoritmos que dan lugar al surgimiento de experiencias. Y ello puede suceder sin que las experiencias resultantes vayan acompañadas de pensamientos complejos. Por lo tanto, tener capacidades cognitivas como las de Koko no son lo importante para necesitar respeto. De hecho, el motivo por el que la propia Koko necesitaba respeto no ern tampoco sus capacidades cognitivas, sino su capacidad de sufrir y disfrutar.

Por todo esto, cuando Koko comunicaba sus intereses, pesares y disfrutes parece que lo más relevante no era tanto el hecho de que tuviese la capacidad de comunicar esas cosas, sino que con ello teníamos una nueva evidencia de cómo pueden ser los intereses de animales como ella. Hay quienes dicen que no podemos saber lo que desean los animales no humanos. Sin embargo, Koko y otros lo expresaron. Y lo interesante es que lo que comunicaron no era tan diferente de lo que podríamos haber conjeturado de manera más o menos razonable. Ello lleva a pensar que la supuesta diferencia notable entre los tipos de intereses de los seres humanos y los de los demás animales probablemente no lo sea tanto. Podemos hacer inferencias razonables sobre lo que necesitan.

Y si podemos imaginarnos esto en el caso de animales que se nos parecen, quizás puede ser que tampoco tengamos por qué fallar en nuestras suposiciones sobre cómo puede que sean los tipos de intereses que pueden tener otros animales.

Si esto es así, entonces podemos defender que la extremada cautela que se tiene al estimar cuáles son los intereses de todos los animales no humanos pueden ser excesivas. Esta podría ser una manera, pues, en la que lo que Koko decía puede ser útil no para defenderla a ella en perjuicio de los demás animales (como pasa si se dice que Koko merecía nuestro respeto por su de inteligencia o capacidades comunicativas), sino para defender a todos los animales sintientes.

[1] El caso de Koko, así como el de otros simios como chimpancés y orangutanes con competencias lingüísticas parecidas, recibió especial atención tras la publicación hace 25 años del libro El proyecto “Gran Simio” (que apareció traducido cinco años después, hace dos décadas), así como con el lanzamiento del proyecto de su mismo nombre. Ha habido una controversia bastante extendida acerca de esto, pues se ha objetado que dicho proyecto debería apelar a argumentos que sirviesen para defender a todos los animales, y no más a unos que a otros. Véase Gordon, F. y Gordon, W. (1998 [1993]) “En defensa de la condición de persona de los gorilas”, en Cavalieri y Singer (eds.), El proyecto “Gran Simio”, Madrid: Trotta, 79-102.

Foto de Koko The Gorilla Foundation.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s