Sobre el interés en vivir y el valor de la vida

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Una entrada anterior de este blog presentó las razones para sostener que la muerte es algo malo para todos los animales sintientes, debido a que todo ser con la capacidad de disfrutar tiene un interés en vivir. Esto es una respuesta a la afirmación que se hace a veces en defensa de la explotación animal diciendo que morir no es un daño para los animales no humanos porque su vida no tiene valor.

Pero hay otra afirmación que se hace probablemente más a menudo que esta. Se dice muchas veces que aunque los animales no humanos tengan un interés en vivir, las vidas de los humanos cuentan más que las de ellos. Quienes defienden esto pueden sostener que hay que respetar las vidas de todos los seres sintientes, pero que en una situación de necesidad salvar las de los seres humanos es más importante.

Para ver si esto es correcto hay que analizar algunos problemas algo complejos, lo que hace que esta cuestión sea más complicada que la de si todos los animales sintientes tienen un interés en vivir, y muy controvertida. Por eso esta entrada va a tratar de otros conceptos más complejos que los que vimos en la entrada sobre el interés en vivir de los animales. Quienes quieran simplemente leer acerca de un argumento sencillo y directo acerca de por qué a los animales les causan un daño cuando les quitan la vida pueden leer la otra entrada. Lo que veremos aquí irá destinado a quienes quieran leer más sobre los problemas relativos al interés vivir y el valor de la vida.

Posiciones acerca del interés en vivir

Lo primero que hay que hacer para examinar esta cuestión es distinguir entre dos posibles posiciones que se pueden mantener acerca del problema cómo ponderar el valor de la vida y el interés en vivir. Podemos clasificarlas básicamente en dos grupos.

(1) La posición no-comparativa

A mucha gente la posición que les parece más intuitiva es la de que todas las vidas tienen un mismo valor, y que todos los individuos tienen el mismo interés en vivir, pues quien pierde su vida pierde todo. Esta posición, que como vemos podemos llamar “no comparativa”, implica que si hay dos individuos en riesgo de morir y solamente podemos salvar a uno de ellos no tenemos razones para salvar a uno de ellos en lugar de a otro. Esta opción puede resultar también contraintuitiva para otras personas. Esto es así porque implica, por ejemplo, que si dos personas en un hospital necesitan un transplante, y una es una persona joven de 15 años mientras que la otra tiene 98 y según el pronóstico médico morirá mañana de un cáncer avanzado, sería indiferente realizarle el transplante a una persona o a la otra. Y a muchas personas esto les parece inaceptable.

(2) Las posiciones comparativas

Quienes rechacen la posición no-comparativa pensarán que sí que es necesario en cada caso ponderar cómo vamos a evitar un mal mayor. Según esta posición, en el ejemplo del transplante se salvará a la persona más joven, por motivos que pueden incluir el hecho de que la muerte le privará de muchos años de vida, o el de que ha vivido muy poco hasta el momento, mientras que a la otra persona la muerte solo le privará de unas pocas semanas de vida, y además ya ha podido disfrutar de muchísimo tiempo de vida. Según quienes defienden esta posición, no salvar a la persona más joven puede de hecho ser una gran injusticia. Podemos llamar a estas posiciones “comparativas” con respecto al valor de la vida. Serán posiciones que no resulten aceptables, pues, para quienes crean que no se debe o no se puede hacer comparaciones de este tipo.

Según las posiciones comparativas, podrá haber distintas razones a tener en cuenta a la hora de considerar los intereses en vivir que distintos individuos puedan tener. Hay dos que son muy comunes:

(a) Cómo se espera que puedan ser sus vidas en el futuro (la cantidad y calidad de vida futura esperable). Según esto, mucha gente consideraría absurdo salvar a la persona con cáncer que morirá mañana en vez de a la que probablemente vivirá muchos años

(b) Cómo han sido sus vidas pasadas (la cantidad y calidad de vida previa). Según esto, mucha gente considera injusto salvar a alguien que a ha vivido una larga vida en vez de a alguien que no lleva mucho tiempo viviendo, o a alguien que ha sufrido mucho y que por fin puede dejar de hacerlo.

¿Interés en vivir o valor de la vida?

En todo caso, hay varias cuestiones distintas aquí implicadas que muchas veces se confunden. Son las siguientes:

(1) Qué razones podemos tener para salvar una vida.
(2) Qué valor tiene una vida.
(3) Qué deseo de vivir tiene quien vive esa vida.
(4) Qué interés en vivir tiene quien vive esa vida.

Todas estas preguntas son diferentes:

La pregunta (1) no se reduce a la pregunta por cuál es del valor de la vida o el interés en vivir, pues también incluye otras consideraciones, como por ejemplo si la vida o muerte de alguien puede afectar a otros individuos (esta puede ser, así, una razón para no salvar a un genocida que si sobrevive probablemente torture y mate a miles de otros individuos).

La pregunta (2) simplemente se centra en cuánto valor van a tener las experiencias positivas y negativas que van a ser disfrutadas por quien viva esa vida. Esto es diferente del deseo por vivir que alguien pueda tener, que es la pregunta (3). Alguien puede tener un ansia o ganas de vivir mayores que la de otro individuo a pesar de que sus perspectivas de felicidad futura sean menores.

Por último, la pregunta (4) es más compleja que la (2) o la (3). Normalmente se identifica el interés en vivir con el valor de la vida, pero ello no tiene por qué ser correcto. Una posición con mucha fuerza en ética aplicada (defendida en particular por Jeff McMahan) sostiene que nuestro interés en vivir es el resultado del producto de dos cosas: (a) el valor que van a tener las experiencias vividas en el futuro nuestra vida y (b) la conexión que vamos a tener con ellas.

Para entender esto imaginemos dos posibles vidas. En una sufrimos una amnesia muy importante, aunque no total. Esta amnesia hace que no solo perdamos una gran parte de nuestros recuerdos, sino también un cambio importante en nuestra personalidad, creencias, deseos, etc. Y luego vivimos una vida muy feliz. En la otra vivimos una vida menos feliz, pero no sufrimos esa amnesia. En el primer caso nuestra vida contendrá más cosas positivas, más cosas valiosas. Pero en él habrá menos conexión psicológica entre nuestra situación actual y la futura. La cuestión es, ¿qué vida tenemos un mayor interés en tener?

Si consideramos que va más en nuestro interés tener la vida segunda, entonces es que aceptamos la visión de McMahan de que el interés en vivir no es lo mismo que el valor de la vida. Esto es lo que lleva a McMahan a concluir que los seres humanos adultos tienen un interés en vivir mayor que el de un recién nacido o un feto a punto de nacer, pues asume que los adultos tienen una mayor conexión con su futuro.

Entre quienes aceptan una posición comparativa acerca del interés en vivir hay quienes rechazan esta posición y dicen que en un caso de conflicto entre vidas hemos de salvar aquella vida que tiene más valor. Pero también hay quienes defienden que a quien habría que salvar es a quien tiene un mayor interés en vivir.

Ninguna de estas posiciones apoya al especismo

En cualquier caso, lo que aquí es más importante apuntar es que ninguna de estas posiciones supone un apoyo al especismo. Si asumimos una posición no comparativa no tenemos absolutamente ninguna razón para salvar la vida de un ser humano antes que la de otro animal sintiente. De lo contrario, si se defiende salvar a un ser humano en vez de a otro animal pero se mantiente una posición no comparativa entre seres humanos se estará defendiendo una posición netamente especista.

Si asumimos una posición comparativa tendremos que comparar en cada caso las vidas en cuestión, y si se trata de un ser humano y de un animal de otra especie no hay nada que suponga necesariamente que el humano tendrá un interés mayor. En cada caso habría que hacer una comparación conforme a los criterios en cuestión, y podría ser que el animal no humano tuviese un interés mayor.

Por lo tanto, en ambos casos estamos ante posiciones que no suponen que los seres humanos tengan siempre un interés en vivir mayor que el de otros animales sintientes.

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7 comentarios sobre “Sobre el interés en vivir y el valor de la vida

  1. Hola Dr. Horta.
    ¿Podría poner el enlace o la referencia bibliográfica de Jeff McMahan donde sostiene que el interés en vivir es el resultado del producto de dos cosas: (a) el valor que van a tener las experiencias vividas en el futuro nuestra vida y (b) la conexión que vamos a tener con ellas?

    Por favor 🙂

  2. Claro, disculpa que no lo haya hecho con anterioridad en el propio texto, la referencia es esta:

    McMahan, J. (2002) The Ethics of Killing: Problems at the Margins of Life. Oxford: Oxford University Press.

    Aquí hay una recensión del libro donde se comenta ese punto: http://philosophy.rutgers.edu/dmdocuments/Notre_Dame_Philosophical_Reviews.pdf

    En esta otra entrada se pone la referencia a un texto que examina esa idea: https://masalladelaespecie.wordpress.com/2013/11/24/sobre-el-interes-en-vivir-y-el-valor-de-la-vida-ii/

    ¡Un saludo!

  3. nuestra vida tiene mas valor sobre toda las cosas inclusive sobre animales y otros factores y poderes, nadie tiene poder sobre nosotros Dios nos hizo asi, el unico que puede es Dios y lo que nos apeligra es otro humano porque Dios nos puso el bien y el mal solamente para elejir que camino tomaremos…

  4. ¿Que un ser tenga interés en vivir implica que su vida tiene valor? Más aún: ¿que un ser tenga instinto de supervivencia implica que su vida necesariamente tenga valor?
    Todas las vidas valen lo mismo: 0. La vida no es más que un estado singular de la materia, y no tiene valor más allá del de perpetuar la vida. No hay más. Que la sociedad humana haya creado un sistema de valores donde damos valor intrínseco a la vida humana es un convencionalismo nuestro y por tanto podemos o no extenderlo a otras especies (es falso, es arbitrario, es una ilusión que creamos para dar sentido a nuestra propia existencia). Que un ser humano sienta que su vida tiene valor es consecuencia del instinto de supervivencia que compartimos con todos los seres vivos, pero eso en sí mismo no significa que su vida tenga valor.
    ¿Estoy en contra de los derechos humanos? No, al menos no totalmente, pero soy consciente de que son arbitrarios y eso sí, útiles para la vida en sociedad. Porque somos animales sociales y de ahí todos esas normas y reglas de conducta. Pero de ahí a querer universalizarlos a todas las especies bajo la idea de que “sienten igual que los humanos” es de lo más absurdo.
    Es indemostrable que la vida tenga valor intrínseco. No hay nada desde un punto de vista lógico que lleve a afirmar lo contrario.
    El antiespecismo no lleva en útima instancia a equiparar la vida de los animales con la de los seres humanos, sino a reconocer que la vida del ser humano es tan insignificante como la del resto de los animales, al menos en términos objetivos.

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