El argumento de por qué los animales sintientes tienen un interés en vivir

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Hay gente que acepta que matar animales es algo malo para ellos, pero piensa que es un mal menor comparado con los beneficios que sacamos de ello. Esta es una posición cómoda, pero que podemos rebatir.

Pero en otros casos (bastante más de los que quizás podríamos pensar) lo que se dice no es eso, sino que no hacemos nada malo al matar animales. Para sostener esto se afirma que solo los seres humanos tienen verdaderamente un interés en vivir, o que el interés en vivir de los animales es mínimo. Así, se concluye que realmente matar animales no es algo muy problemático, pues morir no les causa un daño.

Los motivos por los que se defiende esto son variados: se dice que los animales no tienen un deseo consciente por vivir, que no pueden hacer planes a largo plazo, que no pueden imaginarse a sí mismos viviendo en el futuro, que no tienen una suficiente complejidad psicológica a lo largo del tiempo… Si estos argumentos fuesen correctos, entonces no habría razones de peso para oponerse a la matanza de animales.

La cuestión es, ¿es realmente así?

Intuitivamente, parece que no. La mayoría consideramos que para los animales no humanos es malo morirse, igual que lo es en nuestro caso. Ahora bien, las intuiciones a menudo nos fallan, así que esto no puede ser una razón concluyente. Sin embargo, nuestras intuiciones no son lo único que nos puede llevar a defender que los animales sintientes tienen un interés en vivir. Hay una explicación que no es muy complicada de por qué podemos concluir que es así.

Para los seres con la capacidad de sufrir y disfrutar es malo tener experiencias negativas (como, por ejemplo, un dolor, una pena, un miedo, etc.). Esto es así por definición, por eso mismo se llaman experiencias negativas, si no, no podrían recibir tal nombre. O sea, se llama experiencia negativa a toda experiencia que es negativa para quien la tienen, es realmente tan sencillo como eso. A una experiencia que no afecte negativamente a alguien no la podemos llamar “negativa”. Y lo mismo pasa si pensamos en una experiencia positiva (como un disfrute, una sensación de felicidad, un sabor delicioso…). Si tiene ese nombre es porque esa experiencia afecta positivamente a quien la tiene.

Ahora bien, hay situaciones, eventos o acciones que pueden beneficiarnos o perjudicarnos no porque en sí mismas constituyan experiencias buenas o malas, sino porque tienen efectos que nos afectan. Nos pueden afectar para bien o para mal. ¿De qué manera? Pues, por ejemplo, si como consecuencia de ellas nos pasen cosas buenas o malas. O también de otra forma: impidiendo que esas cosas buenas o malas nos sucedan.

Por ejemplo, supongamos que sufro un gran dolor y alguien me administra un cierto tratamiento que por lo demás es totalmente inocuo. El tratamiento no me causa en sí mismo ni placer ni dolor, pero gracias a él el gran dolor que sufría desaparece totalmente. Parece claro que podemos decir que el tratamiento fue positivo para mí. ¿Por qué? Simplemente porque evitó que continuase sufriendo el dolor, que es algo negativo.

Supongamos ahora que alguien me envía por correo en secreto un regalo que me hará mucha ilusión y con el que disfrutaré mucho. Sin embargo, el regalo no me llega: alguien lo roba sin que yo lo sepa. Así, nunca me entero ni de que me habían hecho el regalo ni de que me lo han quitado. Aun así, tiene perfecto sentido decir que la persona que me lo roba me ha causado un mal. ¿Por qué? Porque con su robo ha impedido que yo pueda disfrutar de todo lo positivo que ese regalo habría resultado para mí.

Es por esto por lo que aquellos hechos o circunstancias que impiden que podamos disfrutar de cosas positivas nos afectan negativamente. Y es por ello por lo que la muerte es un mal. La muerte impide que podamos tener experiencias positivas en el futuro.

Dado todo esto, ¿quién podemos decir que tiene un interés en vivir? Pues todos aquellos seres que tengan la capacidad de tener experiencias positivas. La muerte es un daño para ellos porque impide que puedan tener esas experiencias.

Por otra parte, a la inversa, estos mismos motivos son los que nos explican que la muerte puede también ser deseable en ciertos casos. ¿Cuándo? Pues cuando aquello que nos espera en la vida no es más que sufrimiento, o es una cantidad de sufrimiento tal que no nos compensa en resto de las cosas que podamos vivir. Al igual que la muerte evita que disfrutemos de cosas positivas, también evita que suframos aquellas negativas. Por eso la muerte puede resultar deseable cuando lo que nos espera si no morimos no es positivo, sino negativo.

Así, en definitiva, para que la muerte resulte un daño para alguien solo es necesario que pueda disfrutar. No es necesario que pueda tener un deseo consciente por vivir. Un animal con una mente muy simple puede no tener tal deseo y, sin embargo, tener la posibilidad de disfrutar las cosas que le pasan. Si esto es así, ese animal tendrá un interés en vivir. Y para eso tampoco es necesario que ese animal tenga capacidades psicológicas complejas. No hace falta que pueda hacer planes a largo plazo, o que se pueda imaginar a sí mismo en el futuro, etc. Es suficiente con que la muerte haga que ese ser ya no vaya a disfrutar en el futuro.

Por este motivo, podemos mantener que todos los animales con la capacidad de disfrutar tienen un interés en vivir. Por ello, su muerte es algo malo para ellos. Como hemos visto, hay excepciones a esto tanto en el caso de los seres humanos como en el de los demás animales, cuando en la vida lo que nos espera no es disfrute, sino sufrimiento, o al menos es más sufrimiento que disfrute. En esos casos morir nos resulta positivo. Pero en las demás circunstancias, matar animales sintientes es causarles un gran daño.

Por último, se puede apuntar también que hay una crítica a esta argumentación según la cual la muerte no es un mal. Esta es muy contraria a lo que lo que la mayoría piensa, pero podemos considerarla igualmente para tener en cuenta todas las opciones. Según esta, realmente no existe un “yo” que continúe a lo largo del tiempo, según esta teoría a cada instante somos individuos distintos y la muerte no nos daña, pues no supone nuestro fin, sino simplemente que otros seres (con nuestro mismo cuerpo y personalidad) no existirán en el futuro. La gran mayoría de la gente está en desacuerdo con esta idea, que se considera normalmente muy extraña. Pero en cualquier caso ello no es lo que (a mi entender) más importa tener en cuenta aquí. Lo relevante es que si esa teoría resultase cierta, ello no implicaría solamente que los animales no humanos no tienen un interés en vivir, sino que tampoco lo tienen los seres humanos. Por lo tanto, a todas aquellas personas que consideren que sí tienen un interés en vivir este argumento no les da una razón para pensar que los demás animales no lo tienen.

Por supuesto, hay mucho más que se podría decir sobre esta cuestión, y otros argumentos más complejos que se pueden considerar acerca de esto. En esta otra entrada se tratan algunos de ellos.

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8 comentarios sobre “El argumento de por qué los animales sintientes tienen un interés en vivir

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